Enamorada de los libros

Enamorada de los libros*

Vivo rodeada de libros. Y lo mejor, los leo. Los libros me acompañan, me refugian, me dan trabajo, me llevan a lugares que no conozco, me invitan a vivir vidas diferentes, me emocionan, me hacen reír. Me gustan las historias. Me gusta leer historias. Vivo en una ciudad cerca del mar, en la que no nací, pero ya hace unos cuantos años que me acoge. Olvidé presentarme, soy P.

Conocí a R. hace ya algunos años en la librería en la que trabajo. A él, le gusta escribir historias, y de su pasión, su oficio. Y no podría decir la fecha exacta que nos vimos por primera vez, porque tan solo recuerdo que nos miramos y que descubrimos que nos queríamos. Quererse de verdad, sin preguntas, sin respuestas. Como si una bruja, pongamos por caso Maresía, hubiese cosido nuestras sombras con una puntada de color azul, una pequeña en el talón para que caminemos juntos por la vida. Compartimos río de nacimiento, ya que vinimos al mundo a banda y banda de un mismo río, el más ancho del mundo. Y nos acoge la misma ciudad bañada por el mar. Recuerdo de ese día su sonrisa franca, su abrazo, y esa sensación de querernos explicar todo y que las palabras no nos alcancen. Y de saber que no hacía falta decirnos nada para saber que el otro está a su lado.

Con R. buscamos excusas para visitarnos, como aquel día de verano que me esperaba un almuerzo maravilloso en su casa, un piso donde la luz es tan blanca porque quienes viven en ella la multiplican. O el mediodía que pasó por la librería para desearnos buen verano y mis hijos se hicieron unos postres de lujo. R., en la intimidad de casa, es el autor de los pasteles. Siempre que nos vemos, viene con un nuevo libro bajo el brazo.

Una mañana fría, mientras desayunábamos en el bar de la esquina de mi refugio de libros, él café americano doble y yo, café con leche, de soja –parece mentira que habiendo nacido en el país con más vacas, su leche me pateé el hígado; me explico que este año 2018 estaría lleno de buenas historias escritas por él. Había un libro que lo tenía realmente emocionado, y aparte estaba en manos de uno de los editores a quien los dos admiramos y respetamos, por su oficio, su serenidad y toda su dulzura. La historia estaba en manos de J.

R. no cabía en sí de la alegría, alegría que desbordaba y compartíamos. Me explicaba que era un libro especial, de esos escritos con el corazón en la mano. Yo me fregaba los ojos para leerlo pronto, con el convencimiento que J. lo cuidaría y que R. había depositado allí parte de su vida, a través de su oficio.

Meses más tarde, quizás uno, o dos o tres, cuando la vida nos va pasando es difícil poder medir con una regla exacta el tiempo, R. o J., qué despiste, me cuenta que la historia escrita que los une, sería ilustrada por un dibujante extraordinario, un hombre de manos de lápiz, A.

Los meses fueron pasando, lentos algunos, rápidos otros. R. y yo nos seguimos viendo, nos seguimos pensado, nos seguimos queriendo.

Hace dos días el cartero pasó por mi guarida de libros y me entregó un sobre. Rápidamente, y más al ver el remitente, mis dedos, torpes y nerviosos, pudieron finalmente abrir el sobre. El sobre escondía el tesoro escrito por R. Ese que tanto esperábamos. Una tarjeta tímida de J. hacía de maestra de ceremonias y con sólo 6 palabras los ojos se me llenaron de lágrimas. Las prisas, que nunca son buenas compañeras de viaje, hicieron que me paseara por el libro a velocidad de la luz, a la espera de la caída del día para sentarme a leer, hecha una bolita en mi casa.  A., el ilustrador de manos de lápiz, había hecho un trabajo delicioso, de esos que salen del corazón. Los lápices y las acuarelas salieron de su infinita magia escondida en el corazón y no de un simple bote y del grafito. Pero había más, los tres señores escondían un secreto, uno que mis prisas no fueron capaces de descubrir.

Hablo con A., para felicitar su trabajo y después con J., descarto hablar con R. porque en 4 días nos veíamos. J., pícaro y conocedor del secreto me lanza la pregunta a la que mis prisas no podían dar respuesta. El secreto se escondía en la primera, primerísima página del libro, en la dedicatoria.

R. me nombró, como sólo él podía hacerlo. Como sólo un amigo del alma sabe hacerlo. Con un simple gesto, que dice tantas cosas de él, y ahora de mí, aprendí que nunca, nunca estaré sola. Porque él es mi amigo y nunca me dejará caer, me acompañará en la caída para ayudarme a levantar. Y lo mismo haría yo por él. Cuando alguien te nombra desde el alma, ya sabemos que ese quererse es para siempre. Y ese nombrarse también. Y que estamos sin vernos, y que si nos necesitamos, allí estaremos. Y que la vida es esto, esperar el destello de la felicidad y rodearse de gente linda que sepa querer así.

R., querido amigo, sin saberlo no sólo me dedicaste un libro, me nombraste, enamorada de los libros. Y el abrazo traspasa todas las fronteras. Gracias.

*Basada en hechos reales

Los protagonistas de esta historia, mi historia son (por estricto orden de aparición)

  1. es Paula, yo misma, la enamorada de los libros.
  2. es Ricardo Alcántara, mi amigo y escritor del alma.
  3. es Jordi Martín, el editor más honey del mundo.
  4. es Albert Asensio.

El libro es Nasario, que en breve verá la luz en Bambú.

Querido trío de señores, gracias por la complicidad

Ricardo, es que te quiero con el alma.

 

 

4 comentarios
  1. Lídia
    Lídia Dice:

    Pero que maravilla de escrito señora enamorada de los libros. Que bonitas son las historias que salen del alma y se escriben con el corazón.
    Aix, cuanto amor en estas palabras y, os puedo asegurar P y R, que solos no vais a estar nunca. Aquí tenéis otro corazón que late junto a los vuestros en esta ciudad bañada por el mar. MUAKKKKKK

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