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La entrada de Cristo en Bruselas

“Todo piantado es cronopio”

Julio Cortázar

Es viernes y tenemos lectura de la semana: La entrada de Cristo en Bruselas de Andrea Antinori, traducción de Isabel Borrego del Castillo, editado por Libros del Zorro Rojo.

La entrada de Cristo en Bruselas  (con un clic sobre el nombre del cuadro lo pueden ver) es un cuadro del pintor belga James Ensor (1860-1949). El cuadro, de grandes dimensiones, se puede ver en el Paul Getty Museum de Los Ángeles. Pero no todo fue un camino de rosas, ni una entrada triunfal, para este cuadro. Por muchos años fue un cuadro maldito. Una locura de Ensor, precursor del expresionismo, pero hijo de todas las escuelas de la época sin estar adscripto a ninguna de ellas. Ensor es todo y nada a la vez. Y un provocador, ante todo. Todas las ciudades, las grandes -y muchas pequeñas- pretenden convencernos de que son el ombligo de mundo, que por ellas ha pasado la Historia del mundo dejando huella. No nos olvidemos que el Tibi Dabo de Barcelona recibe ese nombre porque en unas de las tentaciones del Diablo a Jesús, le dijo: “TIBI omnia DABO si cadens adoraveris me (te daré todas estas tierras -señalando la ciudad de Barcelona- si me adoras a mí. ¿Historia, invención? Cada uno que llegue a sus conclusiones, sólo decir que, en el año del retiro al desierto para preparar su misión, Barcino no existía, sólo había un poblado íbero y estaba más próximo a Montjuïc (el monte de los judíos).

Pero centrémonos en Bruselas, ¿qué le faltaba a la ciudad hacia el año 1888, año de la realización del cuadro? Le faltaba el elemento cristiano, el momento revelador. Y Ensor, que era un provocador, no tiene mejor idea que centrar la entrada triunfal de Cristo -que da inicio a la semana santa, es el domingo de ramos- que en medio de un carnaval en Bruselas. Con su banda, su confeti, sus bufones, y un Cristo alzado a lomos de un burro con corona y todo, y esa sensación de caras grotescas desfiguradas, de anonimato, de cosa efímera. En una esquina se puede leer: “Viva Jesús, rey de Bruselas” y en otra pancarta “Fanfarrias doctrinosas, siempre exitosas”.

El cuadro de Ensor deja muchos más interrogantes. Abre tantas lecturas visuales y te explotan tantas preguntas que para hacerle justicia tendría que escribir hojas enteras sobre este cuadro (que muchos años durmió sin que nadie pudiera verlo).

El autor Andrea Antinori (Recanati, Italia, 1992) parte de este cuadro para crear una historia. ¿Cómo llego Cristo a Bruselas? ¿Qué pasó? ¿Quién organizo todo el sarao? ¿Cómo se repartieron las cartas? ¿Quiénes fueron los invitados más notables? Mientras se preparaba todo, ¿a qué dedicaba Cristo el tiempo libre? ¿Cuánto duró la farra? Y una vez que Cristo entró en Bruselas, ¿qué pasó después?

Antinori plantea un relato para reírse hasta que te duela la panza, retomando la irreverencia de Ensor, 130 años después. Dejando pequeños detalles, aquí y allá, un cesto en el desierto que desaparece en el mar; un alcalde un poco inútil para la política, pero un verdadero crack para organizar eventos multitudinarios; una especie de bufón oriundo de Amberes que acabará con una tarea interesante; una gran, gran orquesta, una visita por la ciudad de Bruselas un tanto confusa -o confundida-; un sombrero de flores que adornará la cabeza de un personaje; una carta con un remitente que te dibuja una sonrisa en la boca -por esas ganas de provocar que las neuronas se muevan-; Magritte, si el de la manzana en la cara; y confeti, mucho confeti.

Antinori nos pone a prueba. Y eso siempre se agradece en un mercado que por momentos parece estar escupiendo novedades sin sentido, tan digeridas y tan dirigidas que te asaltan tantas dudas sobre tu papel de LIJbrero.

Bravo a este joven autor, talentoso a decir basta y que ahora mismo me pongo a seguir por todas las redes sociales (y que acaba de publicar también con A Buen Paso, ilustrando un libro de Mar Benegas, Blanco como la nieve.)

Y gracias a Libros del Zorro Rojo, por el reto de molestar al lector, de buscar dónde están las cosquillas de las neuronas y por dejarnos recomendar joyas como esta entrada de Cristo en Bruselas.

Y si me permiten, algo muy personal, gracias Piu, por las risas, las lecturas en voz alta en los lugares más impensados y esos abrazos de quererse tanto.

Y una última cosa, como dice mi amado Julio, todo piantado es cronopio, Ensor es cronopio, Zorro rojo es cronopio y Piu es cronopio. Y una última aclaración, piantado en lunfardo es loco.

–>La entrada de Cristo en Bruselas. Andrea Antinori. Traducción Isabel Borrego del Castillo. Impreso por Esperia -Italia-. 2018. Edita libros del zorro rojo.

–>L’entrada de Crist a Brussel·les. Andrea Antinori. Traducció David Paradela López. Imprès per Esperia -Itàlia-. 2018. Edita libros del zorro rojo.

 

 

 

 

 

 

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