Mi planta de naranja lima

El placer de la relectura, o el día que me reencontré con mi adolescente interior

Es viernes y tenemos lectura de la semana: Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos, traducción de Carlos Manzano, edita Libros del Asteroide.

Hace ya unos meses que como nuevo reto profesional me puse al frente de un club de lectura para adultos, la temática central son los autores y autoras latinoamericanos. Los dos primeros libros ya venían dados, pero me tocaba seleccionar cuatro más. Mi memoria lectora se puso a trabajar al lado del bibliotecario de Tecla Sala, en L’Hospitalet, y mi planta de naranja lima llegó en primer o segundo lugar. Suerte que aquí Asteroide lo había publicado.

Mi generación, los nacidos a final, muy final de los 70, leyó este libro como obligatorio en la secundaria. Mi recuerdo se hace borroso ya que no sé decir si estaba en cuarto y quinto año de la secundaria (si alguno de mis compañeros de escuela se acuerda, se lo agradeceré eternamente). Corrían los convulsos años 90 cuando este libro cayó en mis manos, recuerdo comprarlo en la librería Garabombo, la de mi barrio, y ahora lamento que tanta mudanza transoceánica lo haya extraviado. Recuerdo las hormonas en estado de ebullición permanente, el enojo con el mundo propio y ajeno, las ganas de salir a cambiar las reglas de juego, la rebeldía, la insolencia y la sensación de saberlo todo. Y un pequeño libro en mis manos. Y una pequeña historia y se iba metiendo adentro mío.

Y ahora, algunos años y un océano después, Zezé vuelve a mis manos. Soy muy poco relectora. Siempre tengo algo nuevo que leer, y rara vez abro un libro leído y me vuelvo a pasear por él de principio a final. Y, sobre todo, si es una narrativa. A los álbumes vuelvo infinitas veces, por defecto profesional. Pero esta vez era diferente. Volví a mi planta de naranja lima, y Vasconcelos me esperaba con los brazos abiertos de par en par.

Tanto fue así, que no dudé en aprovechar la relectura, y Zezé y Minguinho nos acompañarán también en el club de lectura para profes de secundaria.

Hay recuerdos que uno cree que se fueron y no podrán volver, pero una pequeña chispa puede volver a encenderlos. Abrir mi planta de naranja lima me devolvió parte de la adolescente que vive en mí. Y la trajo intacta. Y Zezé estaba igual, en su soledad, en su pobreza, en su pequeño barrio de calles sin asfaltar, en el afecto tosco y rudo de su ámbito familiar, a las palizas, a su caja de lustrar zapatos, a su nada, a su navidad sin regalos, a su pequeño hermano angelical, a su diablo interior, a su crecer antes de tiempo.

Zezé, a través de la pluma magistral de Vasconcelos, volvía emocionarme, a hacerme llorar en silencio y en voz alta, cuando el dolor no se puede reprimir, sólo que ahora me hizo saltar de la cama para ir a ver a mis hijos, para abrazarlos y susurrarles al oído que los amo profundamente.

Mi adolescente interior y mi mujer de hoy se volvieron a dar la mano en medio de las páginas de este libro tan extraordinario como emotivo. El dolor, en manos de Vasconcelos, se convierte en una literatura que traspasa los años.

Mi planta de naranja lima se publicó por primera vez en Brasil en el año 1968, Asteroide lo publica en España en 2011. Yo lo leí en Argentina, mientras hacía mi bachiller con orientación docente -que ya no debe existir- en los 90, editado por editorial El Ateneo (la foto abajo). Y sigue igual de vigente -lamentablemente-.

Y ahora volver a compartirlo con mi grupo de Tecla Sala -mis chicas- y los profes de secundaria -mis profes- es un placer. Porque me demuestro que la literatura no tiene edad, que un buen libro puede caer en cualquier momento en tus manos, porque esos libros puente que ayudan en tu viaje vital y te acompañan en tu vida pueden llegar a otras manos, a otras vidas. Y que hoy, 2018, podrían caer en manos de cualquier adolescente, con las hormonas en ebullición permanente, con el enojo con el mundo propio y ajeno, con sus ganas de salir a cambiar las reglas de juego, con su rebeldía, su insolencia y esa sensación de saberlo todo, y que esta pequeña historia se meta adentro. Y puede que no cambie el mundo, pero seguro que cambiará su mundo interior. Poner en manos de los jóvenes un diamante literario como esta planta de naranja lima es darles una herramienta para verse, para buscarse y para tratarlos de iguales. Un puente entre su yo adolescente y su futuro adulto. Y quizás, algún día vuelvan a él. Y la mirada les devuelva el brillo de su adolescencia.

José Mauro de Vasconcelos murió en 1984, nos dejó a Zezé y a su planta de naranja lima, Minguinho, y en Vamos a calentar el sol, lo podemos volver a encontrar. Un autor para muchos, desconocido y para otros, como yo, un referente. Pero que nos vuelve a emocionar como si en un susurro que viaja con el viento nos fuera explicando una vida.

–>Mi planta de naranja lima. José Mauro de Vasconcelos. Traducción de Carlos Manzano. 2011 (primera edición), 2017 (undécima edición). Impreso en Reinbooks -Barcelona. Edita Libros del Asteroide.

–>La meva planta de taronja lima. José Mauro de Vasconcelos. Traducció de Carles Sans. 2014. Imprès a Reinbooks -Barcelona. Edició Libros del Asteroide.

Buscando en google, encontré la portada del libro que me acompañó de adolescente y que perdí.

 

 

 

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