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Vive la danse!

Nos ilustramos la semana y de paso una pequeña reflexión sobre la utilización de la LIJ         

©Magali Le Huche, ilustraciones. Didier Lévy, texto. 2016. Sarbacane

Voy tarde. Ayer fue día de reuniones y de fiebres inesperadas y no tuve tiempo para ilustrarnos la semana. Y hoy no vengo con un libro que se puede encontrar en nuestra librería, ya que es un libro que me acompaña desde el año pasado, recuerdo de Montreuil: Vive la danse! De Didier Lévy –autor que quien se ha traducido parte de su obra, uno de sus últimos libros Cómo encender un dragón apagado, lo editó Zorro Rojo- y de Magali Le Huche, de quien nos ha llegado su Pinxo /Pacho editado por Estrella Polar, o Héctor, el hombre extraordinariamente fuerte, editado por Adriana Hidalgo Editora. El libro en cuestión está editado en Francia por Sarbacane. Y en la contraportada no se esconde su nacimiento o encargo: el sello de la Fédération Française de Danse acompaña el crédito. Estamos, si señores, frente a un libro de encargo, financiado con dinero público, para promover los valores de la danza. Hasta aquí, lo que no oculta el libro. Y lo que no es extraño encontrar, hoy en día, en ninguna industria editorial que conozcamos.

El sábado me dediqué la mañana a acomodar los muebles de mi cabeza, abrir las ventanas para que, entre aire fresco, recomponer el sofá y buscar inspiración para que todo fluya mejor. Y asistí a la jornada de formación de críticos de Faristol –gracias Bernat, Marga y consejo de redacción de la revista por este día tan bonito. La última charla fue entre Anna Castagnoli –filósofa de la imagen y autora del fantástico blog Le figure dei libriAna Garralón, promotora incansable de la lectura, premio nacional de fomento de lectura y autora del blog Ana Tarambana. La charla estuvo moderada por el director de Faristol, Bernat Cormand y fue una delicia. Una bocanada de ideas y de reafirmarse en que el sofá debe seguir en ese lugar y no en otro. Ana Garralón hace un par de semanas publicó una interesantísima entrada en su blog que hablaba de la súper LIJ. Le pedimos al libro la solución mágica de todo olvidando la verdadera dimensión de la literatura. Libros para dejar el pañal, libros para que los niños sean gestores de emociones de cuidado, libros que hagan que el hermano se convierta en un buen hermano o libros para fomentar el diálogo. Así, la solución en una página. Listo, atado y visto para sentencia. Fácil, fácil.

Y vuelvo, retomando las ideas de Ana –qué placer escucharte, compañera- a que esto de la LIJ es un género menor y en el que todo el mundo puede meter mano, convertirse en experto de la noche a la mañana y un sinfín de despropósitos que están haciendo que tengamos un mercado con más títulos publicados que lectores, con más expertos que nunca –y que no han abierto un libro en años- y con más libros que problemas en el mundo. Y si no me soluciona el problema, tranquilos, habrá un product manager de turno que encargará un libro para solucionarlo. Y allí meterán mano de todo menos escritores y el sarpullido de la LIJbretera irá en aumento. Y entonces, si aguantaron leyendo hasta aquí se preguntarán, ¿y por qué el que nos ilustra la semana no le genera picores insoportables? Está proponiendo un libro para fomentar los valores de la danza y salido de un organismo ad hoc.

Y allá voy. El libro no oculta que parte de un encargo, complicidad, con un organismo oficial. Y que busca, a través de él, fomentar los valores de la danza. Punto a favor.

La calidad del álbum es impecable: formato libro álbum, papel de 140 gr mínimo, acabado mate, con un único pero, las guardas no tienen nada de espectacular y es blanco, lo mirás y ya sufrís, pero le pasás una toallita de bebé, y como nuevo. Esto es sólo la parte formal y fría. Lo interesante es lo que sucede dentro del libro.

Dos autores con oficio. Una ilustradora magnífica que adapta su trazo habitual a un registro ligero, dócil, veloz y jugando con el espacio de página en todo momento. Diseño y cabeza.

Y un autor de oficio, un Didier pletórico que crea una historia, una ficción –y a esto voy-: Héctor es un niño movido –un culo inquieto de mi época, esos que no se pueden estar quietos ni cuando duermen- a quien sus padres deciden llevar a ballet, a que haga una clase y serene su hormigueo constante. Y voilà: Héctor se queda flipado. –y aquí se podría acabar la historia y no hablaríamos de ficción sino de SUPERLIJ, niño inquieto maravillado por la danza, la practica y problema solucionado. Chim-Pum.

No. La historia sigue con un Héctor sin poder dejar de bailar, sus padres que deciden que se acabó porque hasta el perro Pistacho lo hace todo bailando y el niño que en su última clase se eleva hasta el techo del aula-estudio de Madame Ivanova. Y un final con un papá tocando el piano, una mamá descubriendo algo que no sabía y todos bailando por la calle, y sin importarles un rábano lo que la gente diga. ¡FICCIÓN! Literatura.

Un libro hecho para promover la danza relleno de literatura. Y que aparte de disfrutar con Héctor y sus jetés, hay humor, hay historia, hay literatura y como dijo la gran Tina Vallès, la Literatura no sirve para nada.

No pidamos a la literatura lo que no nos debe dar. No tiene soluciones mágicas, lo siento. No existen. Un libro, y hablo estrictamente de ficción pero también podría hacerlo de no ficción, no soluciona problemas que debemos intentar solucionar los padres, la escuela, la sociedad. Preguntemos qué piensan los niños y seguro que nos quedaremos con la boca abierta. Generemos diálogo después de cualquier lectura, claro que sí, diálogo, filosofía –en casa, en el aula, en todos lados- no busquemos la respuesta correcta a una única pregunta que genera un libro hecho para.

Por favor, no matemos el libro, no matemos la literatura. No inundemos el mercado editorial y no hagamos que siga cayendo en la perversión de novedad y a la trituradora. Hablemos de literatura, de libros de no ficción, de libro álbum, de narrativa. El viernes pasado en el club de lectura Llegim amb Al·lots comentábamos Coraline y eso sí que es literatura de la que desprenden valores, pero no escrito para que las niñas se sientan heroínas. Volvamos al placer de la lectura por la lectura misma. A descubrir valores escondidos dentro de la ficción y a repensar si un libro hace falta en un mercado inundado actualmente de novedades. Literatura para que dentro nuestro se creen mil universos, mil preguntas, mil debates y que sean objeto de charla de las sobremesas del domingo. Ficción, ficción, ficción, LITERATURA, LITERATURA, LITERATURA.

Si me permiten el autobombo de mi biblioteca personal.

 

–> Vive la danse! Didier Lévy y Magali Le Huche. Impreso en Francia. 2016. Éditions Sarbacane, París.

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